Museo Migrante-MuMi. Por el Buen Vivir y el Buen Migrar: Memoria y Resistencias Creativas

Publicado en Revista Periferias

 

En la lucha es donde la gente se encuentra, Na luta é que a gente se encontra, porque a pesar de nuestras distancias físicas, del idioma, de las diferencias culturales, siempre están nuestras raíces históricas que nos dejan encontrarnos con gente que construye en medio de un mundo hostil.

 
Chiapas-Desde la lucha de los pueblos indígenas a la migración

Chiapas está situado en la región sureste de México y comparte un total de 654km lineales de frontera natural (ríos, montañas, selva) con Guatemala; tiene una población de 5.5 millones de personas, concentra una gran población de pueblos originarios mayas: jacalteco, mame, tojolabal, cachiquel, motozintleco, lacandón, Chuj, tseltal, tsotsil, choly zoque, siendo estos últimos cuatro los de mayor predominancia, en total se calculan 1, 141, 000 personas hablantes de alguna lengua indígena en esta región.

Chiapas es el estado más pobre del país, con un 76,2% de su población viviendo en situación de pobreza, o sea 3.962.000 habitantes. Chiapas tuvo, entre 2012 y 2014, un aumento de 1.5 puntos de la población que vive en la pobreza y tiene el 7.5% de la población en esta situación en todo el país. La pobreza es persistente y ha aumentado significativamente en los últimos 10 años.

A estas situaciones de desigualdades y la ausencia de ejercicio de derechos se suma la gran diversidad y riquezas naturales del estado de Chiapas que lo han convertido de manera histórica en un territorio en disputa; agua, madera, minerales energéticos, minerales preciosos, tierras de cultivo, entre otros han despertado la codicia de empresas nacionales y transnacionales que mediante estrategias para la supuesta generación de recursos y desarrollo para esta región han permitido el saqueo de la naturaleza y la violencia contra las personas que habitan en estos territorios. Desde el conflicto armado interno de Guatemala, el levantamiento armado Zapatista, los ataques terroristas del 9/11, los acuerdos globales para la seguridad hemisférica y la grave crisis de desplazamiento forzado en la región hoy en día, se han convertido en la justificación para consolidar los modelos de seguridad nacional y armamentista de nuestro país con énfasis a las regiones fronterizas, Chiapas siempre castigado.

Sin embargo los pueblos originarios, empobrecidos, maltratados, violados, asesinados, los que siempre están abajo son quienes nos dan muestra del valor y del significado de las palabras justicia, lucha, rebeldía, autonomía, respeto, dignidad, derechos…son pues mujeres y hombres de todos colores quienes rompen la oscuridad con luces de esperanza al grito de ¡nunca más un mundo sin nosotras y nosotros!

Es así y así fue que en los años de 1994, cuando el mundo globalizado celebraba el Tratado de Libre Comercio, involucrando Estado Unidos, Canadá y México, como una de las grandes acciones para sacar a México de su pobreza consumista, los pueblos supieron que era el principio de una muerte anunciada en la que nuevamente serían las y los de abajo quienes sufrirían los estragos; Chiapas nuevamente a la luz del mundo gritaba: basta!

Es en ese mismo año, 1994, que los pueblos indígenas cansados de la violencia histórica y explotación decidieron levantarse en armas en contra de un gobierno capitalista y neoliberal, luchando por autonomía, respeto e inclusión; eran mujeres y hombres armados quienes nos daban un ejemplo a nivel mundial de la importancia de la lucha y de la pelea interminable por un mundo justo y en dónde se respeten e incluyan todas las miradas y pensamientos.

Así los pueblos han ido construyendo sus luchas, nuestras luchas, las de toda la región latinoamericana; son los pueblos que resisten, se adaptan, transforman y proponen nuevas formas de caminar nuestro planeta; hoy en día son las migraciones el ejemplo vívido de la resistencia y lucha por no ser olvidadas y olvidados, una lucha que une a todos los pueblos de nuestra región.

Hoy en día el acto más desafiante en contra de un modelo excluyente es el de construir la memoria colectiva, política y exigente, pues se convierte en herramienta fundamental para la justicia en el futuro.

Resistencia, derecho de fuga y acción política: ¡disputar fronteras, habitar fronteras!

A finales de 2018 y principios de 2019 presenciábamos la evolución de los desplazamientos forzados a movimientos sociales públicos y visibles que en su andar y cruzar fronteras de manera multitudinaria ejercían el derecho a fuga, la resistencia a no morir en manos de un sistema desigual y violento. Miles de personas provenientes de Centroamérica salieron de sus países asediados por la violencia, corrupción, empobrecimiento y cero acceso a derechos; huían por miles y comenzaron a caminar en caravanas que recordaban los éxodos bíblicos.

Estas personas, las más empobrecidas y violentadas, vieron una estrategia en la visibilidad; son personas que en el contexto historio de las migraciones irregulares jamás hubiesen podido cubrir los costos de las redes de tráfico y sobornos a los gobiernos pues no queda dudas: para migrar se necesitan recursos económicos; es entonces donde la decisión forzada de irse se convierte en una apuesta de vida para toda una familia y comunidades.

Es importante resaltar el papel histórico opresor que el gobierno de los Estados Unidos ha tenido en los países de Centroamérica en los últimos 70 años, basta recordar los inicios de los conflictos armados internos que permitieron justificar la “intervención americana” para la creación de estrategias de inteligencia y contra insurgencia que al pasar de los años generaron las bases del despojo, control territorial y de recursos de esta región. Al día de hoy, las consecuencias de esta intervención están dadas en políticas de desarrollo económico y de seguridad que se imponen desde los Estados Unidos hacia toda Latinoamérica, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, los tratados de libre comercio y la seguridad hemisférica pueden entenderse como las condicionantes que han detonado los desplazamientos forzados históricos; hoy en día de la clandestinidad a movimiento público social en forma de Éxodo Migrante.

Son pues miles de personas, niñas, niños, adolescentes, familias, mujeres embarazadas, adultos mayores, personas con discapacidades, integrantes de la comunidad LGBTTTIQ, todas ellas víctimas directas o indirectas que sufren la violencia física, emocional, sistémica, histórica y simbólica en sus cuerpos, todo esto a partir de la prevalencia del modelo de desarrollo de los países del norte, en donde el exterminio de la vida y la naturaleza están justificados para el sostenimiento del consumo insaciable de las sociedades “modernas y desarrolladas”. El Éxodo Migrante es la expresión digna de miles de personas que afrontan la situación adversa de la pobreza, violencia y explotación comenzando con alternativas que proponen generar vida y seguridad para sus familias, comunidades y pueblos.

Y frente a este escenario que hoy en día nos presenta la expresión más cruda de la violencia sistémica en el desplazamiento forzado, tenemos también posibilidades de cambiar nuestra historia a partir de unificar nuestras luchas como pueblos latinoamericanos, construir formas reales de interculturalidad e integración, disputar fronteras, no desde la concepción de la división y subordinación, sino desde la posibilidad de reconstruir nuestros territorios históricos ancestrales. Habitar las fronteras en armonía y bienestar con la naturaleza, asentar nuestras riquezas en la gama infinita del pensamiento de nuestros pueblos y la acción política organizativa como motor para la elección del buen vivir y vida digna en nuestras comunidades Latinoamericanas.

¡Caminos en donde acompañarnos y cuidarnos sea una normalidad, pues reconocemos el valor, grandeza y aporte de cada vida que anda sobre nuestra madre tierra para el bienestar de nuestro presente!

Construcción de la memoria viva: Desde nuestra voz el Museo Migrante-MuMi

El Museo Migrante (MuMi) ha sido una construcción colectiva de los pueblos migrantes con quienes trabajamos en Voces Mesoamericanas. No es un museo acabado, pues al igual que las migraciones y su dinamismo en generar  y contar historias, se va nutriendo de ideas, de interacciones y de los espacios que va ocupando donde lo vamos montando. Por un lado lo pensamos como una forma para que los pueblos indígenas de Los Altos de Chiapas autovaloraran y reconocieran sus propias historias, para la creación de una memoria colectiva como acto político y de resistencia de aquellas historias que nunca se cuentan; queríamos compartir lo que mueve y conmueve a las personas de estas geografías que viven en contextos migratorios: sus dolores, sus luchas, sus alegrías y formas de organizarse y resistir.

Queríamos que otros y otras se asomaran al MuMi para reconocer esas vidas llenas de colores, de trabajo con la tierra, de relación con lo sagrado, de complicidad, de protesta y exigencia de derechos. Compartir también las injusticias de los contextos migratorios de nuestros tiempos: migraciones forzadas que buscan la sobrevivencia porque en las comunidades de origen las formas de reproducción de la vida están cada vez más precarizadas; detenciones y humillaciones en el tránsito; desapariciones, muertes, racismo y explotación laboral en los destinos; formas de organización en el retorno junto con las familias de migrantes que nunca se fueron, pero que siempre vivieron las migraciones desde otra trinchera. De ahí las cuatro secciones del MuMi: Aquí estamos-El origen, En el camino estamos-El tránsito, Estamos allá- Los destinos y Ya regresamos- el retorno.

El MuMi es eso, raíces, rostros, rutas que cuentan un cachito de historia, acompañado de colores y bordados que caracterizan a los pueblos de esta región, y algunas formas interactivas que hemos construido para que las personas puedan jugar y reflexionar las propias historias migrantes que conocen. Por otro lado está el MuMi Foro (espacio-escenario vivo) que se nutre con las expresiones creativas y artísticas de jóvenes, niñas y niños con quienes trabajamos procesos educativos de reflexión crítica, organización y exigencia de derechos.

El cine participativo proceso creativo con jóvenes en el MuMi

El cine permitió al ser humano acercarse a imágenes en movimiento de realidades y ficciones diversas, conocer otras formas de ser del otro, viajar, adentrarse a otras geografías, observar otras culturas. Al igual que el avión “...estos dos inventos acortan distancias, dan pie a la imaginación y al sueño” (Morin, 1979). Los dos inventos logran despegarnos de la tierra.El cine entonces nos permite migrar a otros espacios- tiempos sin la necesidad de desplazarnos. Desde sus orígenes la magia cinematográfica principalmente se ha dirigido a un gran público con fines comerciales, generando una próspera industria con un núcleo elitista de personajes que gozan de fama, opulencia o desde una visión colonialista se buscaba la exotización del otro, del “primitivo” que sería visto en Europa.

 Al mismo tiempo, en ciertos espacios, se ha buscado incorporar al quehacer cinematográfico un enfoque de contenido social, con nuevas herramientas artísticas que establezcan formas multidisciplinarias, desde las ciencias sociales, para documentar e interpretar críticamente las realidades, creando otros métodos, más justos y participativos, que accedan a otras ópticas generalmente invisibilizadas.

Por ello, desde el Museo Migrante (MuMi), espacio de movilidad y de intercambio de expresiones artísticas con jóvenes indígenas migrantes de Los Altos de Chiapas, estamos apostando a un cine participativo, donde se desarrolle y motive una creatividad nutrida en la riqueza del entorno cultural de esta región Maya, desde la comunidades que desde diversas experiencias viven la migración.

Buscamos generar encuentros culturales, compartirnos, intercambiar prácticas, aprender mutuamente. El MuMi trabaja con el propósito de fomentar el autoreconocimiento de los pueblos, de su historia pasada y presente, con el ejercicio y la creación de relatos propios que construyan narrativas comunitarias. Compartimos desde diversas disciplinas este sueño como compromiso y postura política, para así generar desde el arte que cada uno de ellas y ellos sean protagonistas, directores y actores políticos en sus vidas y comunidades. Desde nuestra forma de hacer cine no buscamos la lógica imperante, vemos al cine una herramienta comunitaria para contar nuestras historias, nuestras anécdotas como seres con características específicas, mujeres, hombres, migrantes, que habitan excluidos de los estándares de la lógica neoliberal, niños, niñas, jóvenes que a partir del arte se trasladan a otras realidades al igual que lo hace el cine. Con el cine participativo creamos nuevas formas y procesos de generar la imagen, a partir de la lengua nativa de los pueblos se reinventa el lenguaje cinematográfico, las narrativas y se eliminan jerarquías. El aprendizaje es comunal, se aprende de las otras y otros, todo conocimiento es válido e importante. Se nutre de los procesos y éstos forman parte del producto audiovisual final,  elaborado en comunidad.

 

El MuMi en ¡Bela Maré, Rio de Janeiro, Brasil!

El MuMi por primera vez viaja tan al sur de América Latina, y no a cualquier lugar sino a ¡Bela Maré, Rio de Janeiro, Brasil! Lograr montar el MuMi en esta favela fue llevar la palabra de los pueblos migrantes indígenas del sur de México y así lograr conectar las historias de migración, exclusión, luchas y resistencias entre las personas de ambos países. Supimos por fotos cómo sería el espacio físico donde pondríamos el MuMi, lo cierto es que en nuestra experiencia de exhibir el MuMi éste termina siendo hasta que estamos ahí, hasta que vemos dónde colgamos los mecates, cómo ubicamos las fotos, las lonas, los hilos de colores.

Cuando llegamos a aquél espacio lo primero que nos impresionó fue la maqueta de Maré; por lo menos un día antes ya habíamos caminado sus calles, ya habíamos tenido muchas sorpresas, ya habíamos bailado, ya habíamos intercambiado varias sonrisas con las personas en las calles de Parque Unión y Nova Holanda. Fue por eso que de pronto ver la maqueta nos robó varios suspiros y por supuesto la curiosidad de querer saber más sobre ese territorio.

Sin planearlo mucho decidimos que el MuMi estuviera exhibido al fondo abriendo sus brazos a la gran maqueta, abrazando al territorio; al mismo tiempo Maré se encontraba ahí dispuesto en el centro para abrirse al MuMi, para observar con cariño las historias de pueblos lejanos de México. Después de varias semanas y después de compartir varias reflexiones juntas, ambos territorios dejaron de encontrarse lejanos, porque aprendimos de las complicidades que existen entre las raíces, los rostros, las rutas, y por supuesto de los dolores y las alegrías.

Por si fuera poco decenas de pajaritos de papel (grullas migrantes) fueron puestos encima de la maqueta, como si estuvieran volando sobre Maré, ya que en vez de helicópteros lanzando balas, los pájaros simbolizan la posibilidad de llevar mensajes de solidaridad, justicia y dignidad.

Esta fue la primera vez que el MuMi estaba en un espacio de galería, casi siempre ocupamos las calles, los pasillos de alguna escuela, los árboles de algún jardín, las rejas de una cancha, los barrotes de las ventanas. Fue una experiencia linda encontrarnos con martillos y clavos, y por supuesto con la disposición de todo el equipo de Bela Maré para colaborar con nuestra aventura de exhibir el MuMi, nunca faltó de su parte la escalera, la mesa, el café, el ventilador, el agua, los clavos de concreto, la cinta que pega todo en la pared.

Niñas, niños y jóvenes intercambiando  en el MuMi y con ello la posibilidad de construir la memoria más allá del “sólo observar”. Cada encuentro fue planeado para hacer una actividad, primero reconociendo qué significa migrar, dónde vivimos, dónde nacimos y dónde nacieron nuestros padres y abuelxs; nos fuimos ubicando en cada encuentro en un mapa gigante imaginario y descubrimos juntos las migraciones principalmente del Nordeste brasileño a Río de Janeiro y particularmente a Maré.

Pensamos también qué cosas sabemos de estos otros lugares de los que nos cuentas nuestros padres y abuelxs, qué sabores diferentes hay, que significa migrar y porqué lo hacemos. Contábamos de dónde venían esas raíces, rostros y rutas, compartíamos cosas que nos llamaban la atención, dudas de las fotos ahí exhibidas ¿Qué significan las velas encendidas? ¿Quiénes son los pueblos indígenas? ¿Por qué les detiene la policía? ¿por qué están protestando esas personas? ¿a qué juegan esos niños? ¿qué hacen las mujeres en esa foto? ¿a qué se dedican las personas cuando migran? ¿cómo se organizan? ¿Por qué desaparecen las personas migrantes? Estas y otras preguntas nos hicimos, y fuimos compartiendo reflexiones colectivas para resignificar las historias comunes de migración, una vez más lo que nos duele y nos esperanza de estas raíces, rostros y rutas.

Un día hicimos pajaritos de papel pensando en la migración como el derecho a volar, a moverse de un lado a otro en libertad;  otro día abrimos la caja de Pandora para leer noticias sobre migración en México, Brasil y América Latina y pudimos juntos cuestionar porqué los gobiernos dictan políticas contra las personas migrantes, qué pasa con el racismo, por qué unos países deciden lo que otros deben hacer;  también vestimos muñecas de papel para contar historias de mujeres migrantes, salieron los nombres de las abuelas y las madres.

La experiencia de las visitas mediadas nos llevó a compartir la reflexión final que desde Voces Mesoamericanas mantenemos como premisa ético política y por lo tanto motor de lucha: las personas del mundo tenemos Derecho a No Migrar, es decir, derecho a poder quedarnos dignamente en nuestras comunidades de origen sin tener que migrar porque las circunstancias nos obligan a irnos; pero por otro lado, también tenemos Derecho a Migrar, porque las sociedades del mundo se han construido de migraciones, este derecho implica por lo tanto la posibilidad de movernos a otros espacios en completa garantía de libertad y justicia.

¿Qué nos significa Bela Maré y el MuMi encontrándose?

Primero agradecemos la posibilidad de este encuentro, la confianza y disposición para abrirnos las puertas de su espacio, de su territorio y dejarnos entrar para asombarnos juntos y juntas de todo lo que nos conecta en esta Nuestra América Latina.

Nos dimos cuenta que nuestra historia común tiene hasta el día de hoy impactos comunes, que la violencia estructural colonial, capitalista y patriarcal se asoma de múltiples formas en la vida de nuestros pueblos. Nos dimos cuenta que las formas de democracia liberal impuesta en nuestros países han legitimado la permanencia de las estructuras de poder que perpetúan las desigualdades y por lo tanto la injusticia. Nos dimos cuenta que las violencias del estado, en las formas físicas y simbólicas impactan cotidianamente nuestros cuerpos, mentes y corazones.

Llevamos años en guerra y en esta guerra los muertos siempre los ponen los pueblos negros e indígenas. Nos dimos cuenta que hemos migrado forzadamente cientos de años y que en los destinos vamos construyendo la vida siempre en condiciones precarizadas. Nos dimos cuenta que nuestros valores y prácticas coloniales se expresan en las formas en que el poder “nos observa” y también en las formas en que nosotros vemos “a los otros y otras”. Nos unen historias de dictaduras, de desapariciones, de la derecha en el poder, de las leyes  y reformas neoliberales, del sistema carcelario inoperante, del exterminio racial y su expresión en las muertes cotidianas en nuestros territorios.

Las rupturas de los tejidos sociales que hay en nuestras geografías; nos dimos cuenta de las muchas formas comunes en que nos reprimen todo el tiempo, de las formas en que los gobiernos criminalizan a los defensores de derechos humanos y promotores comunitarios. No dimos cuenta de las formas en que nos paralizan y desaparecen la posibilidad de vivir.

Ante todo esto, el encuentro nuestro en Maré también nos dio la posibilidad de inspirarnos juntas y juntos, de intercambiar ideas, de sonreír juntas, de abrazarnos, de reconocernos, de valorar nuestras luchas, de soñar las posibilidades futuras.  Reafirmamos la idea del arte como herramienta política de transformación, parafraseando el poema de Celaya, “La poesía es un arma cargada de futuro”, el arte es un arma cargada de futuro, y juntas lo vivenciamos una y otra vez. Nos dimos cuenta que es importante seguir construyendo espacios educativos alternativos, de reconocimiento, de compartición sincera, de juego, de creatividad. Y recordamos a Freire reafirmando “que nadie libera a nadie y nadie se libera solo, las personas nos liberamos en comunión”. Nos dimos cuenta de que tenemos historias comunes de movimientos sociales, campesinos, urbanos, obreros, estudiantiles que llevamos años diciendo “Ya basta”, y de todos esos pasos dados por miles de personas en las calles para construir la acción cotidiana de buscar y cuidar lo que se ama de la vida.

Nos dimos cuenta que a pesar de las distancias geográficas y del portuñol siempre pudimos encontrar la manera de transmitirnos fuerza y pasión. Nos dimos cuenta de nuestra capacidad de conmovernos, desplazar el cuerpo, la mente, el corazón y el espíritu con lo que le sucede en la vida a las personas. Sentir en el territorio fuerzas individuales y colectivas que dignifican la historia de la humanidad. Admiramos las resistencias que tienen los pueblos negros en Brasil, con la potencia identitária de las favelas, con las mujeres que se abrazan, se cuentan sus dolores y transforman eso en sororidad. Nos dimos cuenta que los mismos pueblos negros e indígenas que han puesto los muertos cientos de años, son quienes nos siguen enseñando las muchas formas de resistencia y lucha llena de dignidad. Nos siguen enseñando formas de crear comunidad, vínculos, de armar complicidades risueñas, de mostrar abrazos sinceros y manos solidarias. Nos enseñamos todas esas formas de estar juntos y juntas y darnos el lujo irrenunciable –a pesar de todo- de hacerlo a través de la forma luminosa y eterna de disfrutar la vida.

Nos recordamos que también cantando, bailando y riendo se hacen actos revolucionarios, y su territorio carioca y favelado nos lo reafirmó muchas veces, lo miramos en las casas que nos abrieron las puertas, en las calles donde compartimos el fútbol y la cerveza, en el mural que celebramos juntos en la pared de Bela Maré, en la palabra dulce de Doña Victoria, en la memoria del Quilombo, en el funk y la samba que sonaba por todas partes. Lo miramos en la posibilidad sagrada de seguir celebrando la posibilidad de estar juntos resistiendo, porque al final y al principio es en la lucha donde la gente se encuentra. Y es ahí desde México o Brasil, desde Maré o Chiapas, donde nos seguiremos encontrando.