Festival de Juventudes: Museo Migrante como espacio festivo de memoria y aprendizaje

El pasado 21 de diciembre de 2014, Voces Mesoamericanas Acción con Pueblos Migrantes realizó la inauguración y presentación del Museo Migrante (MuMi) en el centro de San Cristóbal de Las Casas, como una acción colectiva que combinó memoria, arte y reflexión social en el espacio público.

La jornada tuvo un carácter profundamente festivo y comunitario. En dos carpas y un escenario abierto, el centro de la ciudad se llenó de imágenes, sonidos, cuerpos y relatos que pusieron en el centro la experiencia migrante. Lejos de una lógica expositiva cerrada, el MuMi se vivió como un espacio en movimiento, abierto al encuentro, al diálogo y a la participación de quienes transitaban por el lugar.

El arte fue el lenguaje común. A través de la fotografía, el teatro, la música y el video, se compartieron historias de migración que hablan de la separación, del despojo y de la violencia, pero también de la resistencia, la memoria y los vínculos que se sostienen más allá de las fronteras. Estas expresiones permitieron que el público se acercara a la migración no solo como un fenómeno social, sino como una experiencia humana profundamente sentida.

Un eje central de la actividad fue la participación de jóvenes y juventudes, tanto en la creación como en la apropiación del espacio. Para muchas y muchos jóvenes, el MuMi se convirtió en un lugar para preguntar, escuchar y reflexionar colectivamente sobre las causas y consecuencias de la migración, así como sobre su propio papel en la construcción de memorias y narrativas alternativas. El intercambio intergeneracional fortaleció el carácter pedagógico del evento, haciendo de la experiencia un ejercicio vivo de aprendizaje colectivo.

En este sentido, el Museo Migrante se presentó como una herramienta pedagógica que trasciende el formato tradicional de museo. Más que mostrar objetos, el MuMi propuso un proceso educativo basado en la escucha, la sensibilidad y el diálogo, utilizando el arte como medio para generar conciencia, empatía y pensamiento crítico en torno a la migración y los derechos humanos.

Ese día, el espacio público se transformó en un aula abierta y en un territorio de memoria compartida. La presencia de las voces migrantes —sus sentimientos, sus historias y sus luchas— reafirmó la importancia de crear espacios culturales y pedagógicos que acompañen a las personas migrantes, fortalezcan a las comunidades y convoquen a la sociedad a mirar la migración desde la dignidad y la justicia.


El Museo Migrante fue un ejercicio colectivo de reconocimiento. Cada imagen, cada puesta en escena y cada intervención artística permitió visibilizar experiencias que con frecuencia permanecen al margen: la separación forzada, la violencia del despojo y, al mismo tiempo, la dignidad y la fuerza de quienes migran.

Ese día, el espacio público del centro de la ciudad se convirtió en un lugar para compartir memoria y sentimiento. La presencia de las voces migrantes recordó que la movilidad humana es parte viva de nuestra historia y de nuestro presente, y que sus relatos merecen ser escuchados y acompañados.